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Dos mujeres que murieron de amor

porMarco

May 17, 2022

Por: José J. Núñez P.
Todos, sin excepción, alguna vez hemos amado hasta el delirio, o al menos hemos creído que amamos hasta con la última fibra de nuestras almas.
Aunque, siempre he discrepado que el amor dañe o cause mal, más bien creo que es la pasión la que destruye, la que hiere, la que destroza y llega a motivar homicidios.
Si bien, a lo largo de la historia, hay cuentos, leyendas, mitos e historias que hablan del gran amor que se tuvieron los personajes y que por desgracia los llevó hasta la muerte, al menos a uno de ellos.
Como en los casos de Romeo y Julieta; o la Inés de don Juan Tenorio; Marco Antonio y Cleopatra, Sansón y Dalila, Napoleón Bonaparte y Josefina, en fin, decenas de casos más.
En la cruda realidad, son pocos los casos que se han documentado que puedan sostener esa hipótesis de que se muere por amor, o de que una persona se quita la vida por amor.
Todo esto viene a colación por algo que leí y me llamó mucho la atención, incluso, me trajo como recuerdo un poema, que el gran Oscar Chávez, hizo canción y que narra una historia real, ocurrida hace 144 años, tal vez la conozcas o tal vez no, su título “La niña de Guatemala”:

“Quiero, a la sombra de un ala, contar este cuento en flor: la niña de Guatemala, la que se murió de amor”.
Su historia:
Guatemala 3 de abril de 1877, Martí llega por primera vez a la capital, quien lo recibe sería su compatriota, José María Izaguirre, quien ejercía el cargo de director del Instituto de la Casa de las Niñas de Centro América y lo incluye como docente de Literatura.
Martí participa en las veladas literarias que organiza Izaguirre en la casa del General Miguel García Granados, lugar en que conocería a la señorita María García Granados, posteriormente ambos jóvenes ella de 17 y el de 24 años se encontrarían en las aulas del Instituto de la Casa de las Niñas de Centro América, en una relación de docente – alumna para luego vivir su romance apasionado, sin desenfreno, lleno de amor, ternura y esperanza. Sin embargo, Martí, tenía una promesa de matrimonio con la señorita Carmen Zayas Bazán, quien residía en México, promesa que terminaría cumpliendo, marchándose de Guatemala con destino a México.

“Ella dio al desmemoriado, una almohadilla de olor, el volvió, volvió casado, ella se murió de amor”.

Guatemala 10 de enero de 1878, José Martí regresa a Guatemala acompañado de Carmen Zayas Bazán, su esposa, con quien asistió a tertulias reuniones y conferencias, sin embargo, jamás volvió a la casa de los García Granados, dada ésta circunstancia la señorita María, quien se había enterado de la visita de Martí, a su país, le escribe una carta pidiéndole que la vaya a visitar, éste no le tomó importancia, dejándola con su dolor y tristeza a solas.
«Hace días que llegaste a Guatemala, y no has venido a verme. ¿Por qué eludes tu visita? Yo no tengo resentimiento contigo, porque tú siempre me hablaste con sinceridad respecto a tu situación moral de compromiso de matrimonio con la señorita Zayas Bazán. Te suplico que vengas pronto».

“Ella por volverlo a ver corrió a verlo al mirador. El volvió con su mujer. Ella se murió de amor”.
“Se entró de tarde en el río, la sacó muerta el doctor, dicen que murió de frío, yo sé que murió de amor”.

Guatemala 10 de mayo de 1878, María, como tenía costumbre de nadar en el río o lago, esa tarde salió no se sabe, nunca se supo, si fue por costumbre o por el desamor de Martí, lo cierto es que se entró en las aguas del río, ella sufría de una enfermedad respiratoria, pierde el conocimiento y se terminaría ahogando.
Posteriormente la encontrarían sin vida, y en su sepelio asistiría todo Guatemala, para despedirla entre lágrimas, cantos y oraciones.

“Iban cargándola en ancas, obispos y embajadores, detrás iba el pueblo en tandas, todo cargado de flores”.

A lo lejos sentado, sólo, triste, sin poder explicar lo que había pasado, estaba José Martí quien muchos años después publicaría el poema donde daría a conocer que María, se suicidó por el desamor que él le había causado.

“Como de bronce candente, al beso de despedida, era su frente, la frente ¡que más he amado en mi vida! Allá en la bóveda helada, la pusieron en dos bancos, besé su mano afilada, besé sus zapatos blancos, ¡ay! Callado al oscurecer, me llamó el enterrador, nunca más he vuelto a ver, a la que murió de amor, ¡ay!”
Murió o no, de amor, no le quita belleza a la historia, la cual, al parecer se repite 60 años después, sólo que ahora, en la Argentina, con la poetisa: Alfonsina Storni.
Storni ejerció como maestra en diferentes centros educativos y escribió poesías y algunas obras de teatro durante este período. Su prosa es feminista y, según la crítica, posee una originalidad que cambió el sentido de las letras de Latinoamérica.


En su poesía deja de lado el erotismo y aborda el tema desde un punto de vista más abstracto y reflexivo. La crítica literaria, por su parte, clasifica en tardo romántico los textos editados entre 1916 y 1925 y a partir de Ocre encuentra rasgos de vanguardismo y recursos como el anti soneto (soneto en verso blanco). Sus composiciones reflejan, además, la enfermedad que padeció durante gran parte de su vida y muestran la espera del punto final de su vida, expresándolo mediante el dolor, el miedo y otros sentimientos desmotivadores.
Le diagnosticaron cáncer de mama, del cual fue operada. A pedido de un medio periodístico Storni se realizó un estudio de quirología, cuyo diagnóstico no fue acertado.
Esto la deprimió aún más y le provocó un cambio radical en su carácter que la llevó a descartar los tratamientos médicos para combatir la enfermedad.
Se suicidó en la ciudad de Mar del Plata arrojándose de la escollera del Club Argentino de Mujeres. Alfonsina, consideraba que el suicidio era una elección concedida por el libre albedrío y así lo había expresado en un poema dedicado a su amigo y amante, el también suicidado escritor Horacio Quiroga.
Hay versiones románticas que dicen que se internó lentamente en el mar y sirvieron como inspiración para componer la canción «Alfonsina y el mar», la cual relata el suceso y sugiere el motivo.
“Por la blanda arena que lame el mar, su pequeña huella no vuelve más un sendero solo de pena y silencio llegó, hasta el agua profunda, un sendero solo de penas mudas llegó, hasta la espuma”
“Sabe Dios qué angustia te acompañó, qué dolores viejos calló tu voz, para recostarte arrullada en el canto de las caracolas marinas, la canción que canta en el fondo oscuro del mar, la caracola”
“Te vas Alfonsina con tu soledad ¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar? Una voz antigua de viento y de sal, te requiebra el alma y la está llevando. Y te vas hacia allá, como en sueños dormida, Alfonsina, vestida de mar”.
“Cinco sirenitas te llevarán, Por caminos de algas y de coral y fosforescentes caballos marinos harán una ronda a tu lado y los habitantes del agua van a jugar pronto a tu lado, bájame la lámpara un poco más”.
“Déjame que duerma nodriza, en paz, y si llama él no le digas que estoy, dile que Alfonsina, no vuelve, y si llama él no le digas nunca que estoy, di que me he ido”.

¿Y tú… que crees… murieron de amor o por sus respectivas enfermedades?