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Carlos Manzo, la gota que derramó el vaso; o un muerto más en la 4T

porMarco

Nov 3, 2025
  • El presidente municipal de Uruapan pidió en reiteradas ocasiones el apoyo del Gobierno Federal, pero nuca llegó… sólo llegaron las balas que le segaron la vida.

Sergio Islas Pacheco

Carlos Manzo, el presidente municipal de Uruapan no murió por casualidad. Lo mató la indiferencia. Lo mató la cobardía del poder. Lo mataron el producto de gallina que tenía para oponerse al poder fáctico de un narco estado. Lo mató su congruencia y el valor de decir lo que otros callaban. Lo mató el silencio de un gobierno que nunca hizo nada por protegerlo, pese a sus reiteradas súplicas de apoyo que jamás fueron atendidas.
Hoy, el país vuelve a vestirse de luto por un crimen que mancha de sangre la conciencia nacional. Carlos Manzo fue una voz valiente, incómoda, consecuente. Denunció lo que muchos callaron, habló donde otros se escondieron, y por eso lo asesinaron. No pidió privilegios, pidió protección. No buscaba reflectores, buscaba justicia. Pero la respuesta de las autoridades fue la misma de siempre: indiferencia, omisión y complicidad.
Morena y su gobierno guardaron silencio mientras la violencia lo acechaba. Guardaron silencio mientras las amenazas crecían. Guardaron silencio cuando él denunció y cuando el país entero escuchó. Hoy, con su muerte, ese silencio se convierte en culpa.
La inseguridad no distingue colores de partidos ni siglas. Es el reflejo de un Estado fracturado, de un poder que mira hacia otro lado mientras los valientes caen. Y mientras México se desangra, aún hay quienes defienden a ciegas a un régimen podrido, corrupto e indiferente, sostenido por discursos huecos y muertes ajenas. Cada día estalla un nuevo escándalo de corrupción, cada día se consolida una nueva oligarquía disfrazada de “transformación”. Si este gobierno, si la 4T tuviera un mínimo de vergüenza, Adán Augusto López no tendría vida política porque es un delincuente en toda la extensión de la palabra. Y con él muchos otros como Javier May, los hijos y hermanos de López Obrador a quienes se han cansado de demostrar con videos y documentos cosas inadmisibles en una democracia, Manuel Bartlett, y una larga lista.
Hoy no hay hacia dónde hacerse: entre la derecha fáctica de la 4T y la ultraderecha empresarial de figuras como Salinas Pliego, el país está atrapado entre dos rostros de la misma impunidad. Es paradójico que los mismos que ayer se indignaron porque Molotov gritó en el Palacio de los Deportes: “¡Éramos un país bien chingón! ¡Que chingue a su madre la 4T!”, alguna vez celebraron esas mismas críticas cuando iban dirigidas contra gobiernos del PRI o del PAN. No se trata de apoyar a Molotov ni de elevarlos como héroes: se trata de entender que el fanatismo político es la negación de la conciencia. Resulta penoso ver a tantos defender con fervor ciego un “proyecto de nación” inviable y más corrupto que todo lo anterior. Porque, sin restar fuerza a su irreverencia, Molotov hizo lo que siempre ha hecho el rock: provocar con una verdad que el poder no quiere escuchar.
Obvio, no pasará nada con lo de Molotov más allá de la anécdota de ser una banda mediática que se expresó en un foro repleto de medios de comunicación. Como si pasará -espero- con la muerte de Manzo, un hombre decente asesinado frente a su familia y la gente que le reconocía todo lo que ha hecho para oponerse con su ejemplo, al poder del narco en México.
Pero los fieles de la 4T —los mismos que justifican cada desfalco, cada crimen, cada abuso— prefieren indignarse por una canción que por una vida perdida como la de Carlos Manzo. Aplausos para los que eligen ser simios ciegos ante un país que arde.
El rock está para protestar.
Los gobiernos para cuestionarse.
Y la dignidad, para no callar.
Carlos Manzo ya no está.
Su voz fue silenciada esta noche y vaya que hacen falta hombres así en este momento de emergencia que vive el país.

por Marco