Si hay algo que define una buena noche en la Ciudad de México, es el clásico “¿vamos por unos de pastor?”. Y es que estos tacos no solo son comida, son casi una tradición que une a amigos, familias y hasta desconocidos alrededor del trompo.
El sonido del cuchillo cortando la carne, el trompo girando y el taquero lanzando la piña con precisión, forman parte del espectáculo. El taco al pastor tiene ese encanto especial: tortilla calientita, carne bien doradita, cebolla, cilantro, su buena salsa… y listo, felicidad en dos mordidas.
Aunque muchos no lo saben, este manjar tiene historia. Nació de la mezcla entre la cocina mexicana y la influencia de inmigrantes libaneses, que trajeron técnicas como el asado vertical. Con el tiempo, México le puso su toque y así nació el inigualable taco al pastor que hoy todos conocemos.
En cada colonia hay “el mejor puesto”, ese que la gente recomienda porque la carne está en su punto o porque la salsa pica sabroso. Desde puestos callejeros hasta taquerías famosas, el pastor es el rey indiscutible cuando se trata de comer rico, rápido y sin gastar mucho.
Más que un platillo, el taco al pastor es parte de la vida diaria: después de la fiesta, en la comida o como pretexto para convivir. Porque si algo está claro, es que en México siempre hay espacio para un taco más.