- Luis Álvarez celebró 36 años de trayectoria junto a miles de seguidores que corearon cada canción en una velada llena de recuerdos, invitados especiales y homenaje a grandes figuras del rock mexicano.
CIUDAD DE MÉXICO.- El barrio se hizo presente y vibró como pocas veces la noche del domingo 17 de mayo en la Arena Ciudad de México, donde El Haragán y Compañía celebró 36 años de historia, resistencia y puro rock mexicano junto a miles de fanáticos que crecieron escuchando sus canciones.

Desde tempranas horas, las inmediaciones del recinto comenzaron a llenarse de chamarras de mezclilla, playeras negras, paliacates y generaciones enteras que llegaron para festejar a Luis Álvarez El Haragán, un personaje que para muchos representa la voz de la banda, de la calle y de quienes encontraron en sus letras historias reales de barrio, amor, desamor y lucha diaria.

La noche arrancó cargada de energía, pero también de mucha emoción. Con el tema “No Estoy Muerto”, Luis Álvarez recordó a entrañables amigos y figuras que marcaron la historia del rock nacional y que ya partieron, entre ellos Javier Bátiz, Charlie Monttana, Gustavo Cerati, Marciano Cantero, Rita Guerrero, José José y Joan Sebastian, además de dedicar un emotivo recuerdo a sus padres, Herlinda Martínez y Silvestre Álvarez.

Uno de los momentos más íntimos llegó cuando “El Haragán” interpretó una canción dedicada a su padre Silvestre, tema inspirado en historias de los años 30, logrando que la Arena guardara silencio por unos minutos mientras las emociones se apoderaban del escenario.

Pero la fiesta apenas comenzaba. El inmueble explotó con clásicos como “A esa gran velocidad”, “Mala mujer”, “Morir de noche”, “Aburrida la vida” y “No estoy muerto”, convirtiendo la Arena Ciudad de México en un karaoke gigante donde absolutamente nadie se quedó callado.

Además, la celebración reunió a importantes invitados del rock mexicano. Sobre el escenario aparecieron Rubén Albarrán, Amandititita, María Barracuda, integrantes de Banda Bostik y Panteón Rococó, Amandititita, “Pocholo” que lo acompoñao en varios temas con la armónica, quienes pusieron todavía más sabor a una noche que ya era histórica para el rock urbano nacional.

Sin embargo, todos sabían que faltaba el momento más esperado. Entre murmullos y emoción, el público pedía a gritos la canción que marcó a toda una generación. Y cuando finalmente sonaron los primeros acordes de “Él no lo mató”, el recinto literalmente se vino abajo.

Miles de personas se levantaron de sus asientos para cantar cada palabra de la historia de “Marcos Hernández”, aquel amigo de infancia que Luis Álvarez inmortalizó en una de las canciones más emblemáticas del rock mexicano. En los rostros se mezclaban la euforia, las lágrimas y la nostalgia de quienes recordaron aquellos años de juventud que parecían regresar por una noche.

Durante la mitad del concierto, Luis Álvarez entregó reconocimientos por todo el apoyo a los sonideros que hicieron posible su música se escuchara, en las callles porque las radiodifusras no programaban su musica, entre ellos Sonido Winners, Sonido Pirata, Sonido Pancho de Tepito, Sonido Carita JC de Neza, que abrió el concierto junto con los Los K’comxtles.

Así, entre aplausos, guitarras y recuerdos, El Haragán y Compañía demostró que sigue más vivo que nunca y que, como los buenos vinos, los años solamente han hecho más grande su legado dentro del rock nacional.
