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Librame de los necios, Señor

porMarco

May 11, 2022

Por: José J. Núñez P.
No me pregunten por qué, ya que en verdad no se los podría decir, no lo sé, pero cada vez que veo y escucho al inquilino de palacio nacional, que tiene ínfulas de rey, no puedo evitar pensar en la necedad, en esa terquedad absurda y carente de sentido.
Recuerdo que la primera vez que, en la política, aunque se que hay muchos necios y pendejos en ese medio, escuché a un necio que me hizo reír, de verdad, el lorenzo de Fox, cuando no quiso posponer el debate y comenzó a decir como el orate que es: “Hoy, hoy, hoy”.
De verdad me dio risa, ya que pensé que era todo un bufón, lo cual resultó cierto, para desgracia de muchos mexicanos que creyeron en él y lo apoyaron en su campaña presidencial.
Y tal parece que los mexicanos, no sólo son de memoria corta, sino que, además, no aprenden, ya que doce años después, apoyaron a otro bufón que es un gran alquimista y esta convirtiendo al país en excremento y gran parte de ello, se debe a su necedad.
Y ni que decir de su palera oficial, la señora que ostenta el título de doctora y que al final se comporta como una persona analfabeta, terca, necia y repetitiva de lo que le dice su patrón y líder.
Bueno, pues este par, que además de darme risa las tonterías que dicen, con tanta necedad, me hacen recordar que, alguien, alguna vez dijo:
“Se conocen infinitas clases de necios; la más deplorable es la de los parlanchines empeñados en demostrar que tienen talento”, ¿les hace recordar a alguien?
Y para dejar en contexto el motivo de mi inquietud por los necios, dejemos en claro que:
Un necio es una persona con una cultura por debajo de lo normal, o alguien que hace cosas tontas, como tu vecino, al que le han robado el coche porque lo dejó abierto con la llave en el contacto.
Originalmente un necio era la persona incapaz de realizar un razonamiento ordinario a causa de su escasa cultura. Hoy en día, sin embargo, necio describe cualquier persona que hace cosas tontas, especialmente si causa un inconveniente otros.
Y si nos vamos más allá, recordaremos que James Bailey dijo:
“La verdad nunca tiene peligros para el hombre sincero, ni el conocimiento los tiene para el sabio; para el necio y para el hipócrita, error y verdad son igualmente peligrosos.”
Nadie en el mundo puede negar que en ocasiones se pone necio, obcecado, terco, sobre todo al calor de una discusión, de un debate, aunque, la gran mayoría, cuando los ánimos se han calmado, reconoce sus errores, reconoce que estaba equivocado y muchas veces hasta se disculpan.
“No como otros”; diría Kiko el del chavo del ocho.
Y en efecto, nos ponemos necios, en ocasiones por no aceptar razonamientos de otras personas, sobre todo si las consideramos inferiores a nosotros en muchos sentidos.
Cuando escuché que, “Es mejor tener paz que tener la razón” entendí muchas cosas, sobre todo que la paz es algo que necesitamos cada vez más en el trajinar de nuestras actividades diarias.
Por eso, en ocasiones, es mejor mantenerse prudentes y distanciarse con delicadeza antes de adentrarse en una discusión que al final de cuentas no nos va a llevar a nada.
Y eso es precisamente lo que nos debemos preguntar: ¿Qué ganamos cuando demostramos que tenemos razón en lo que decimos? ¿Acaso nos van a dar un premio por haberlo logrado? ¿Seremos más ricos y poderosos al conseguirlo?
Para nada, por el contrario, sólo dejaremos mal sabor de boca con nuestra discusión, molestaremos y enfadaremos a las personas a las que les hicimos ver sus errores, siempre y cuando tengamos la razón, y lo más seguro es que de ahí en adelante, nos evitaran en cualquier polémica.
De ahí, que es mejor ignorar palabras necias y seguir brincando charcos cuando la vida nos llueva, no hay mejor estado de ánimo que sentirse en paz con uno mismo y sobre todo, con los demás.
Y sobre todo, no debemos olvidar que a veces, hay quien entiende más en el silencio que con los gritos, y es que el silencio es tan poderoso que nos obliga a callar.
Eso sí, jamás debemos de perder la vista nuestros objetivos, si bien debemos dejar a un lado la necedad, debemos recordar que, es mejor ser perseverante sin tratar de ser impositivo.
O lo que es lo mismo, debemos ser valientes sin ser imprudentes, la valentía no radica en no tener miedo, radica en saber como vencer nuestros miedos, nuestros temores, nuestras angustias.
¿Para qué enfrascarse en una discusión sin sentido? Hay que ser tolerantes sin ser débiles, no pelearnos con todos y por todo, aceptar que no siempre tenemos la razón.
Y aunque estemos furiosos, rabiosos, echando espuma por la boca, debemos tener prudencia y ser honestos, aunque no crueles, las palabras muchas veces hieren más que un arma.
Por otro lado, si sabes ser espontáneo, sin ser impulsivo, la discusión se convertirá en plática y de esa manera la convivencia se hará más grata y placentera para todos.
Me ha costado mucho trabajo, pero al final entendí que no es lo mismo ser o aparentar ser inteligente, que ser sabio. Que ser sabio es quien sabe elegir bien y yo quiero aprender a elegir.
Y que hoy, mañana y siempre, elegir conservar la paz, en lugar de aferrarse a tener la razón, es y será de sabios y eso no tiene vuelta de hoja, ahora que, si usted opina lo contrario, pues tiene razón.
¿Y tú… siempre quieres tener la razón y te aferras con uñas y dientes?